ALEJANDRO J. SUCRE 23/08/2026 05:07 am Un malestar crece en ciertos sectores de la oposición venezolana: la sensación de que Donald Trump les debe algo. Que su cercanía con Washington es una factura política concreta: el reconocimiento pleno de los resultados de 2024 y, con él, la salida ordenada del chavismo del poder. Como esa factura, emitida sin consentimiento de Washington, no va a cobrarse en los términos esperados, y como el presidente Trump prefiere negociar con el oficialismo en Caracas antes que entrar en la confrontación tribal entre actores venezolanos, la conclusión de algunos en la oposición es que el presidente estadounidense los traicionó. Es una lectura cómoda, de oficina, de victimización y además profundamente equivocada, porque parte de una premisa que ninguna oposición seria de un país con el potencial de Venezuela debería sostener: que Estados Unidos y el presidente Trump existen para ejecutar la agenda de la oposición de otro país, así sea legítima y respaldada por el electorado venezolano.Trump no le debe a la oposición un cambio de gobierno, y pretender lo contrario revela una comprensión distorsionada de la política exterior de una potencia, que actúa según sus propias necesidades y posibilidades estratégicas, no según las necesidades de un liderazgo opositor extranjero. Que Trump haya liderado la salida de Maduro mediante presión y operaciones que la propia oposición no logró articular en veinticinco años de sanciones ya es un aporte enorme a su causa, al igual que haber negociado la libertad de muchos presos políticos. Que el presidente Trump ahora tenga como causa traer inversiones a Venezuela para levantar su economía es un aporte infinito a la reconstrucción de nuestra nación. Que combata la corrupción que la misma oposición no ha podido evitar, usando la OFAC y auditando los fondos provenientes de la actividad petrolera, es otro aporte infinito del presidente Trump. Que su administración busque reestructurar la deuda de Venezuela para
Fuente: El Universal — Ver nota original