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Rusia perdería incluso si ganara

Aun si finalmente Rusia ganase la guerra, de todas formas perdería. Los electores de Putin ya no lo verán como el hombre invencible, sino como quien los dejó aislados de Occidente de múltiples maneras, si Occidente tiene principios y coherencia. Y los países aliados de Rusia o protegidos por ella, así como sus rivales y víctimas, la verán como una entidad débil e incapaz de ejercer poder con contundencia en su periferia, y, adicionalmente, en una situación lamentable en la que hallaría en China a su único interlocutor, pero no en condición de paridad, sino de vergonzosa dependencia 

Un mes antes de la invasión a Ucrania escribí que Putin podría “obtener más rentables beneficios solo amenazando con una guerra que haciéndola” y que “un fracaso en Ucrania, así sea parcial, que no es imposible, tendría un costo político enorme al revivir el vergonzoso sentimiento postsoviético de derrota”.

No insinúo que Putin será finalmente derrotado en Ucrania, porque, como dije hace diez semanas, “La guerra será larga y fea”. Pero la fallida toma de la capital ucraniana y dos retiradas humillantes del ejército ruso, una finalizando junio en la isla de las Serpientes y la semana anterior en la provincia de Kharkiv, evidencian que Putin subestimó la respuesta ucraniana y de Occidente, así como le sucedió a Kruschev en Cuba y le costó su puesto, y, peor aún, sobrevaloró la capacidad operativa de su ejército, que, como su país, es incompetente, atrasado y pésimamente dirigido.

Decir que por estos fracasos necesariamente Ucrania ganará la guerra es tan aventurado como asegurar que será Rusia la victoriosa, pero si la guerra se alarga, como probablemente continúe el año entrante, no como “operación militar especial”, sino como “guerra total”, el tamaño y las reservas de los países juegan a favor. Rusia no ha comprometido todavía todos sus recursos, aunque tendrá que hacerlo, porque para Putin perder no es una opción. Para Rusia una derrota en Ucrania sería humillante, así como en Afganistán, pero no determinará su futuro cercano, pero para Putin es una amenaza existencial.

Como dije antes, la guerra será larga y por estas heridas en el ego de Putin será más fea y sucia. Si pareciera que Putin no tuviera límites éticos para actuar, ahora menos, porque probablemente veremos profundizados los métodos y acciones atroces, como hizo en Chechenia y Siria. El invierno está a pocos meses y eso afecta la guerra, que es esencialmente una operación logística. Cuando Napoleón y Hitler intentaron invadir a Rusia, el invierno fue la mejor arma rusa, porque tenía una postura defensiva, pero ahora que Rusia invade, no lo sería. Empero, considerando la naturaleza perversa de Putin, creo que, por su incapacidad de avanzar consistentemente este año —porque la avanzada sería en 2023, cuando entren las nuevas fuerzas que están en entrenamiento—, intentará destruir toda la infraestructura energética y productiva todavía existente en Ucrania para que el frío y el hambre hagan lo que su ejército no pudo.

Aun si finalmente Rusia ganase la guerra, de todas formas perdería. Los electores de Putin ya no lo verán como el hombre invencible, sino como quien los dejó aislados de Occidente de múltiples maneras, si Occidente tiene principios y coherencia. Y los países aliados de Rusia o protegidos por ella, así como sus rivales y víctimas, la verán como una entidad débil e incapaz de ejercer poder con contundencia en su periferia, y, adicionalmente, en una situación lamentable en la que hallaría en China a su único interlocutor, pero no en condición de paridad, sino de vergonzosa dependencia