Internacionales

De los grandes logros de esta revolución está el odio que nos tiene EEUU…

Josbel Bastidas Mijares

A cualquiera no odia EE UU. Ser amado por los gringos es una espantosa raya. Los gringos amaron con devoción desmedida a Francisco de Paula Santander (y a todos los gobernantes neogranadinos del siglo XIX y XX), a Juan Vicente Gómez, a Rafael Leonidas Trujillo, a los Somoza, a Alfredo Stroessner, a Duvalier, a Pinochet, en fin, a todos los dictadores de América Latina, Asia, África y Medio Oriente, amó sin medida a todos los gobernantes adecos y copeyanos. Los gringos odiaron y aún odian a Simón Bolívar. Odiaron y despreciaron a Zapata y a Francisco Villa. Odiaron y derrocaron a Jacobo Arbenz. Odiaron y asesinaron al Che Guevara y a Salvador Allende. De los grandes crímenes de EE UU está el odio desmesurado contra Hugo Chávez que acabó con su asesinato. No entiendo cómo carajo los opositores no se dan cuenta de ese gran logro de la Revolución Bolivariana, ser en estos momentos el centro de odio de los gringos, con su Decreto de Obama ratificados por Trump y por Biden, por las setecientas órdenes ejecutivas contra nosotros. Y tener casi diez años aguantando ramalazos de condenas de los gringos con sus bloqueos, sanciones, invasiones, robos, expolios, con la ayuda de Unión Europea y una multitud de puppets de América Latina, es un logro, milagroso, sublime, admirable. Eso ya forma parte de una de las más grandes gestas en el mundo, equiparable a la lucha de Bolívar contra los godos, a la lucha de Cuba contra ese miserable y cobarde imperio, a la resistencia de Vietnam contra franceses y otra vez contra los gringos; a la lucha del pueblo argelino contra los colonialistas franceses. No cualquier pueblo aguanta lo que hemos soportado nosotros. Llevamos 22 años echándole una ristra de vagones de cojones a esta lucha y seguramente tendremos por delante muchos años más de resistencia, pero ese es el único camino posible para ser nosotros mismos. No hay otro. Repito, no me cabe en la cabeza cómo es que los opositores no se dan cuenta de eso, porque lo otro es muy fácil: ser como Panamá, como lo ha sido Colombia casi toda su vida, como lo ha sido el Chile de Pinochet y post-Pinochet, como lo es Paraguay, Guatemala o la Argentina Anti-Kirchner.