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No somos los más desiguales

La sociedad colombiana necesita una mejor descripción de su realidad. Columnas como la de Mejía deben ser de obligatoria lectura 

Javier Mejía no es muy conocido en Colombia. Es considerado un columnista de nicho (Forbes) y especialista en economía. Vive en Palo Alto, California, como asociado post-doctoral del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Stanford. Pero Mejía escribe una columna que hay seguir porque dice cosas serias, como quedó demostrado recientemente.

Se trata de un tema importante y que importa a los economistas del país: la alarmante desigualdad en Colombia. Todas las semanas se citan cifras que hablan del inquietante número y se hace énfasis en el lugar de Colombia en el listado. Según ellos, nuestro país es de los líderes. Hay quienes incluso hablan con cierta emoción cada vez que el país termina de puntero en corrupción o en desigualdad. Lo que identificó Mejía es que no es cierto: Colombia es menos desigual de lo esperado. Es más: en los últimos 20 años se ha reducido la desigualdad.

Ese resultado fue informado por Mejía, pero no tuvo el despliegue que merece este importante avance del país. La razón: va en contra del statu quo. Para los colombianos, no podía ser posible y, por eso, fue ignorado.

Mejía reconoce que su columna causará dolores de cabeza. Es normal: está luchando contra una teoría de statu quo. ¿Qué dice el autor que tanto ofende? Un mensaje directo: Colombia no es tan desigual y lo comprueban las cifras.

Mejía dice que Colombia no tiene niveles de desigualdad superiores a los del resto de Latinoamérica y están bastante lejos de los niveles más altos a nivel mundial. Las razones detrás de la masiva aceptación de la idea de que Colombia es extraordinariamente desigual son algo oscuras, afirma el columnista.

La muy baja calidad de los datos internacionales sobre desigualdad ha contribuido por años a fortalecer esta narrativa, explica. Hasta hace poco, la herramienta más usada para hacer comparaciones internacionales de desigualdad era el coeficiente de Gini, usualmente generado a partir de información de encuestas de hogares. No es muy confiable. Afortunadamente, el creciente interés de los países desarrollados por entender mejor la desigualdad ha llevado a esfuerzos como los del World Inequality Database (WID), permitiendo hoy comparaciones internacionales rigurosas y sencillas.

En el último informe WID, publicado este mes, es completamente claro que Colombia, si algo, es un país con una desigualdad económica “media” o “media baja” en el contexto latinoamericano, afirma Mejía.

¿Qué tan desigual es Colombia? Para empezar, el 18,9 % del ingreso nacional va al 1 % más rico. Sin embargo, es bastante menor que las cifras en países como Brasil y Chile, donde es superior al 25 %. Es más, añade el autor, Colombia es el país con la menor cifra entre las naciones grandes latinoamericanas, con excepción de Argentina, donde el 1 % se apropia de un pedazo ligeramente menor del ingreso total, 17,5 %.

Mientras en Colombia el 1 % más rico de la población posee el 33,2 % de la riqueza total del país, en Chile y Brasil esta cifra se acerca al 50 %. En Sudáfrica esta fracción es superior al 55 %. Se está hablando de órdenes de magnitudes bastante diferentes, destaca Mejía.

Como siempre, no hay datos perfectos, y los datos de WID no están libres de crítica. En cualquier caso, concluye el columnista, WID es la fuente que mayor credibilidad tiene en la discusión internacional sobre desigualdad en la actualidad.

¿Cómo puede ser posible que tanto las personas del común como la intelectualidad colombiana estén equivocados, se pregunta Mejía? De pronto es que los datos sobre desigualdad en Colombia son opacos o corruptos. WID ofrece información al respecto y Colombia está entre los países con mayor transparencia en cuanto a la recolección y disposición de datos de riqueza e ingreso en el mundo. ¿El problema está entonces en la interpretación?

En contraste con buena parte del mundo occidental y algunos países de Latinoamérica, donde la desigualdad ha aumentado profundamente en el último par de décadas, en Colombia esta se ha reducido. Lo ha hecho significativamente en la última década y lleva una clara tendencia negativa por una generación entera, destaca Mejía.

Por supuesto, cualquier grado de desigualdad es cuestionable y más si esa desigualdad significa que hay sectores en condiciones de vida indignas. Pero eso no nos puede llevar a desconocer los avances que el país ha hecho en esa materia.

La sociedad colombiana necesita una mejor descripción de su realidad. Columnas como la de Mejía deben ser de obligatoria lectura