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Un día sin redes sociales … y el mundo se paró

Christian Abreu Hidalgo
Sofía Castillo: «Cada arreglo en los temas fue respetando la forma y naturalidad de la pieza

Hace unos días logramos aquello que nos recomendaban: nos quedamos por más de seis horas sin Facebook, Instagram y WhatsApp; casi 3,000 millones de usuarios a nivel mundial sufrieron en mayor o menor medida la caída que le costó a Facebook alrededor de 6,000 millones de dólares en pérdidas —5% en el valor de sus acciones—. Pero eso no fue todo

Hace unos días logramos aquello que nos recomendaban: nos quedamos por más de seis horas sin Facebook, Instagram y WhatsApp; casi 3,000 millones de usuarios a nivel mundial sufrieron en mayor o menor medida la caída que le costó a Facebook alrededor de 6,000 millones de dólares en pérdidas —5% en el valor de sus acciones—. Pero eso no fue todo.

La crisis no solo vino por una actualización que se realizó mal y generó una reacción de eventos en cadena que propiciaron que las tres grandes plataformas se “desconectaran” del mundo exterior y que, por lo mismo, ni siquiera el equipo SWAT de mantenimiento pudiera hacer algo porque, literalmente, se quedaron fuera de las instalaciones por esa misma caída. El evento tuvo repercusiones de otra índole: el día anterior a la caída apareció en el programa de televisión “60 Minutes” Frances Haugen, exempleada de la red social, denunciando que Facebook “engaña repetidamente” a los usuarios sobre los efectos nocivos de sus plataformas.

“No odio a Facebook“, dijo Haugen que escribió en Workspace durante su último día en la compañía: “Amo Facebook. Quiero salvarlo”, pero no dijo de quién. Por sus declaraciones se asume que se refiere a sus directivos, a quienes responsabilizó por indolencia e inacción ante la información y decisiones ejecutivas, con las que estuvo en contra y que la llevaron a tomar la decisión de salir de la compañía y testificar ante congresistas de Estados Unidos.

Este hecho propició que Facebook no solo tuviera que salir a dar explicaciones por dejarnos sin sus plataformas un tiempo considerable, sino que adicionalmente abrió la puerta para un debate sobre los estándares y reglas bajo los que rige internet.

Acordémonos también que este debate no es reciente, surgió desde 2016 cuando se evidenció desde las elecciones para presidente de Estados Unidos en las que compitió Donald Trump, la posibilidad de manipular a la opinión pública a través de anuncios en esta red social. ¿Pero quién gana y quién pierde en este tema?

Empecemos por los perdedores:

Se calcula, de acuerdo con Cost of Shutdown Tool, que solo en México, uno de los principales países usuarios de esas plataformas, se presentaron pérdidas por más de 13 millones de dólares. Solo pensemos en las Nenis que promueven y concretan ventas a través de esa plataforma, de los medios de comunicación cuyo tráfico principal proviene de esa red social y todos aquellos que se quedaron sin poder concretar una cita de negocios a través de WhatsApp. En Facebook las pérdidas fueron económicas, de usuarios —generación Z ya no está en ella y seguramente se irá desencantando de Instagram— y sobre todo de credibilidad. Las redes sociales y los medios digitales en general, en la medida en que se siga abriendo la discusión sobre la ética, los estándares y, sobre todo, su modelo de negocio. Porque su modelo de negocio sigue siendo la publicidad, y por lo mismo su principal objetivo es tenernos el mayor tiempo reaccionando a la mayor cantidad de contenidos posible.  Quienes ganan:

Twitter, que venía en caída libre hasta que Donald Trump lo “rescató” al volverlo su fuente de difusión, tuvo que ser la red usada por Facebook para publicar sus comunicados. Otros medios digitales. Principalmente los privados, como Telegram o Signal, que ofrecen la posibilidad de comunicación en tiempo real con las mismas condiciones que WhatsApp, es decir, con el número telefónico. Google, no solo sigue siendo el buscador principal por naturaleza, sino que adicionalmente nos pasa como el refrán de: “si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”. Al no tener información en tiempo real que nos llega, los usuarios, por naturaleza tienen que buscarla en el lugar más conocido. Los medios de comunicación tradicional en su versión digital. Al no contar con un intermediario de distribución de información, los usuarios tuvieron que llegar directamente a sus portales hasta bajar sus aplicaciones. Los usuarios, porque aprendimos a ser recursivos y desde regresar al correo electrónico, hasta hacer algo que varias generaciones ya no hacen: llamar por teléfono. Por lo visto podemos estar al borde de la caída de uno de los mayores imperios de la historia, y todo porque perdió el rumbo, dejó de pensar en sus usuarios y no cumplió su promesa de valor. * La autora es socia Fundadora y Directora Metrics.

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