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WEB en Miami | Narrativa breve por Ricardo Gil Otaiza

Jose Maria Hill Prados

Este año terminé una quinta colección: El chico que leía a Borges poemas de amor , que aguarda respuesta de una editorial. Toco madera. 

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Toda mi carrera literaria ha estado marcada por la narrativa breve. Mis comienzos como escritor fueron con aproximaciones a cuentos, que daba a leer a mi esposa, y ella como buena crítica, solía expresarme sus dudas y resquemores frente a textos chatos, carentes de músculo y de interés universal. Poco a poco fui articulando y puliendo cuentos que fueron aceptados en la prensa local, y para los cuales mi esposa, que es dibujante y pintora, elaboraba las ilustraciones y salían espléndidamente editados a todo lo ancho de la página. Las reacciones de los lectores no se hicieron esperar. He contado ya la anécdota de hallarme en una barbería a la espera de mi turno, y el cliente al que atendían tomó de una mesa cercana el periódico y comenzó a leer mi cuento. Recuerdo que cerraba la página y se quedaba pensativo, y luego volvía a la lectura. Yo lo miraba con disimulo y muerto de miedo a la espera de sus reacciones. De pronto, no se pudo contener y le dijo al barbero: ?oye esta vaina tan buena que salió en la prensa?, y comenzó a leerle en voz alta; así hasta completar todo el texto. Ya ni recuerdo la conversación entre ellos, porque me hallaba en las nubes, preso de una extraña sensación de placer y de terror a la vez. Fue la primera crítica pura que recibí de parte de unos lectores. 

Alentado por aquel suceso, completé una serie de 10 cuentos que el Consejo de Publicaciones de la ULA editó en 1996, bajo el título de Paraíso olvidado , que tuvo la fortuna de recibir de parte del gran crítico y hombre de la cultura, Juan Liscano, su entusiasmo y un magnífico ensayo que publicó en la prensa nacional. Fue tal su euforia, que antes de escribir su texto me llamó a mi casa y estuvimos conversando por espacio de hora y media, y a partir de entonces hicimos una estrecha amistad que alimentamos todos los días hasta poco antes de su fallecimiento. Ahora bien, este libro de cuentos no fue mi primera obra publicada, sino la novela Espacio sin límite (CP-ULA, 1995). 

Mi segunda colección de cuentos la titulé El otro lado de la pared (CP-ULA, 1998) y guardo de este libro una anécdota que contaré muy resumida. El 24 de diciembre del año anterior terminé de escribir el libro en horas de la tarde, guardé y cerré el archivo con la intención de revisarlo el día de Navidad, y entregarlo en enero a la editorial. Pues bien, amigos, el 25 en la tarde me dispuse a corregir mi libro y el archivo no me abrió: salía un mensaje de error. Entré en pánico y me puse a llorar, porque en un lapsus de inocentada y de alegría por haber finalizado la escritura, no hice un respaldo. Llamé a un amigo experto en el área de la computación y le rogué para que rescatara mi libro. El amigo se instaló en mi casa un día entero y no pudo abrir el archivo; el sistema lo había comprimido y de todas aquellas páginas apenas quedaron unos jeroglíficos. Había perdido todo el esfuerzo creador de varios meses de trabajo. Cuando se me pasó el rencor, comencé de nuevo, y el resultado fue este nuevo libro que difiere sustancialmente del primigenio. ¿Mejor o peor? No lo sé, pero estoy consciente de que es otro libro. Su recepción por parte de los lectores fue muy buena. Es más, uno de sus cuentos, El despistado , salió en el suplemento Verbigracia de El Universal

La siguiente colección de cuentos, titulada Hombre solitario y otros relatos (CP-ULA, 2002), quiso ser en principio una novela, basada en una historia real, pero el texto no alcanzó las dimensiones de una novela, sino de noveleta , a la que le agregué otros relatos y nació este libro, que es uno de mis consentidos. El personaje real fue una mujer (y yo lo cambié por un hombre, ya que en mi libro anterior, Una línea indecisa , el personaje central era una mujer de 94 años) que llamó a mi casa y la atendió mi esposa: era una extraña, pero estaba tan sola, que hacía llamadas al azar para poder conversar con alguien. Esta situación se dio a lo largo de muchos días, hasta que de pronto dejó de llamar. 

Anuncios En el 2010 salió una nueva colección de cuentos titulada Trilogía de espectros (Fondo de Publicaciones de APULA), con la que gané el Primer Premio en el Concurso de Narrativa de la Asociación de Profesores de la ULA , correspondiente al año 2008. Este libro contiene a su vez tres: Cuentos para contar, Cuentos de vida y muerte y Cuentos prohibidos . En el último de los libros utilizo un lenguaje procaz, anclado al denominado Realismo sucio, ya que los personajes y lo contado lo ameritan. Empero, por este último libro tenía reticencias de enviar la colección al concurso. Para mi sorpresa, el día de la premiación conocí a parte del jurado (dos distinguidas profesoras jubiladas de la Facultad de Humanidades de la ULA), y cuando me hablaron de las fortalezas del libro, me hicieron referencia fundamentalmente al lenguaje utilizado en Cuentos prohibidos . ¡No lo podía creer! Claro, fue el libro que más trabajé (casi dos años), para alcanzar un lenguaje de ruptura, de quiebre de lo establecido en el canon.

Este año terminé una quinta colección: El chico que leía a Borges poemas de amor , que aguarda respuesta de una editorial. Toco madera. 

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