Política

Venezuela: “Gran Alcancía”

“La situación en Venezuela se plantea desde un ángulo diferente al de nuestro vecino y podría llamar a confusión el decirnos que aquí todavía no se ha manifestado en idéntica forma la violencia, los secuestros, el crimen político y el narcotráfico”.

¿No habrá sido el día que Venezuela se separó de la Gran Colombia cuando todo se echó a perder? Si el gran sueño integrador de Bolívar no hubiera sido desbaratado por los particularismos parroquiales y por la tremenda fuerza centrífuga que generaba el catire Páez, ¿quién podría negar que la Gran Colombia, con los 80 millones de habitantes que tendría hoy, sumados los de Ecuador, Colombia y Venezuela, más los recursos naturales de los tres países, no sería algo bien distinto de cada una de los tres que la integraron, tomados por separado? Para empezar, seríamos simultáneamente país petrolero y cafetero y, por si fuera poco, asiento de la única transnacional que el Tercer Mundo ha podido colar en la aristocracia del Big Business: la de la Cocaína. Pero, a fin de cuentas, lo que es hoy Venezuela nació de aquella secesión y de no haber sido así no podríamos estarnos preguntando hoy cuándo fue que se fregó puesto que no existiría.

Otra visión de las cosas podría considerar que nos fregamos el día que hizo erupción el Zumaque number one. A partir de allí nos volvimos flojos, dejamos de trabajar, los cultivos se fueron perdiendo, nos empezó el gusto por el buen whisky, nos entró la manía de querer vivir del gobierno, en fin, la “mierda del diablo” —que es lo que significa la palabra mene, que los indios utilizaban para denominar al petróleo— nos bañó con su maldición.

Seguramente que un día que debe concitar muchas opiniones como el más trágico, es el 18 de octubre de 1945. Que ese día nos fregamos lo cree no sólo todo el conservatismo venezolano, desde sus sectores más derechistas hasta los iluminados del medinismo, sino también casi toda la izquierda de socialistas.

Nunca hablan los venezolanos con más entusiasmo de un buen tiempo pasado que cuando lo hacen del gobierno del general Medina. Este sí que es el quinquenio dorado de nuestra existencia contemporánea. Fue la última vez que no hubo presos políticos en el país ni se persiguió a nadie por razón política.

Súbitamente, en aquella Venezuela que se desenvolvía armónicamente y cuyas instituciones marchaban hacia la plenitud democrática con prudente pero segura firmeza, los militares y los adecos dieron el golpe del 18 de octubre. Todo fue alterado por este malhadado pronunciamiento. La democracia de élites —que es como debe ser— fue sustituida por la bochinchera democracia de masas. Generales, doctores y pulperos enriquecidos que ya conformaban algo parecido a una respetable oligarquía, fueron desalojados del poder y la presidencia de diputados fue profanada por un zapatero que trambucaba la erre y la ele. Fin de mundo, pues. El negraje alzado. El propio jefe de la Junta de Gobierno no costaba mucho trabajo distinguirle los rasgos barloventeños. Y el pelo medio chicharrón.

Afortunadamente, los militares se dieron cuenta de su error y expiaron todas sus culpas el 24 de noviembre de 1948, día que con justa razón el 70% de los venezolanos —que habían votado por Rómulo Gallegos— puede considerar como el verdadero en que se fregó Venezuela. Un nuevo período de orden y progreso advino de la mano del general Pérez Jiménez hasta que nuevamente nuestra irrefrenable tendencia al desorden y al masoquismo produjo la caída de su gobierno, el 23 de enero de 1958, —otra fecha que en la consideración de muchos bien puede ser la de nuestra “fregada”.

El gobierno de Chávez parecieron estabilizar el orden democrático y el crecimiento económico, creando, como es lógico, el mito de un buen tiempo pasado, cuyo recuerdo acentúa el contraste con lo que vino después. Los últimos seis años de este “gobierno madurista”, puede ser otro que como el gobierno del hiperquinético de CAP. El hombre llamó a administrar la abundancia con criterio de escasez y terminó administrándola con escasez de criterio, como lo decía una afortunada frase de la época—. Fue también en esa época cuando la corrupción administrativa se volvió un fenómeno macro, Impune, desde luego, cono hasta hoy. ¿Se fregó Venezuela alguna vez en especial? Bueno, sí y no, todo lo contrario. O sea, la pura dialéctica, pues.

¡La Lucha sigue!